TRABAJO DE CAMPO

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A cultivar que se acaba el mundo. Parte 7 / Educación Agroecológica: Centro de Educación, Capacitación y Tecnología Campesina (CECTEC)

Itapúa. Paraguay. Inmersa en extensiones sojeras, una de las regiones del continente donde se concentra la desigualdad social y la falta de acceso a la tierra. Allí una escuela agrícola es el eje para revalorizar la cultura y generar unidades económicas a partir de la agricultura familiar. La clave: el arraigo de los jóvenes a la región. Sara Masteralto habló con su protagonistas.

¿Pirapey? ¿Itapúa? Entre los cerrados y enigmáticos fonemas de la lengua guaraní, el google earth desciende hacia el sur del Paraguay. Cerquita de la ciudad de Encarnación, cruzando el puente: Misiones, Posadas. Entrando en detalles: región ganadera, altos índices de pobreza, colonos desplazados. Itapúa es también el departamento donde nació el actual presidente Fernando Lugo, zona conocida por sus carnavales, su diversidad cultural (producto de inmigraciones), una larga tradición de movimientos campesinos, altos índices de desigualdad económica y la represa de Yaciretá. Y es la región del país con la mayor concentración de tierras cultivadas con soja. Con las consecuencias que eso implica: según una investigación realizada en el Hospital Regional de Encarnación por la Dra Stella Benítez Leite durante 2008, 40% de los niños cuyas madres tuvieron contacto en forma directa o indirecta con los agroquímicos con los que se fumiga la soja habían nacido con malformaciones. Niños con anencefalia (con el cerebro afuera) o polimalformados (con deformaciones múltiples en los miembros y órganos) son algunos de los resultados; 52 nacimientos con malformaciones y dos muertes que registraban anomalías vinculadas a los agrotóxicos.

CÉLULAS PRODUCTIVAS, UNIDADES ECONÓMICAS

“Todavía, a las seis de la mañana, un ruido frío y extraño cruza el aire de Pirapey, alguien golpea un hierro semejante a un trozo de riel, que hace las veces de campana, llamando a enfrentar un nuevo día”, dicen los protagonistas de la escuela del Centro de Educación, Capacitación y Tecnología Campesina (CECTEC) en la Colonia de Pirapirey, Itapúa, donde hace más de 20 años comenzaron con la idea de generar cambios en la comunidad que ayudaran a que los jóvenes no fueran a buscar horizontes afuera. “Eran tiempos difíciles los de 1985. Paraguay vivía, después de muchos años, bajo dictadura, los campesinos y las campesinas, y especialmente los jóvenes, no tenían grandes perspectivas en la sociedad”, dicen desde CECTEC. “Teníamos una preocupación que era ver cómo nuestros jóvenes terminaban yéndose a buscar trabajos pocos remunerados en Asunción, Buenos Aires, San Pablo o Madrid. La escuela nació como una estrategia que buscaba fortalecer el arraigo de los jóvenes campesinos de Itapuá, como una propuesta educativa que respondiera al contexto rural, a la situación de pobreza y exclusión que vivían”, cuenta Walter Lezcano, coordinador técnico del CECTEC.

Fue un grupo de educadores y técnicos quienes iniciaron una experiencia alternativa de educación y desarrollo para jóvenes, varones y mujeres, hijos de productores campesinos. Los ejes de la propuesta eran desarrollar con los jóvenes campesinos -varones y mujeres- acciones en el ámbito de la educación, capacitación y organización que fuesen capaces de modificar la práctica social y sus alternativas laborales. Se inicia el trabajo con 10 alumnos. Hoy, con quince promociones de varones y doce de mujeres, la escuela plantea un programa de 3 años enfocado en células productivas.

El primer año los alumnos pasan tres semanas en el establecimiento y el resto del mes en su finca familiar, comenzando a recolectar los datos para formular una propuesta productiva y organizativa. “Los técnicos no sólo trabajamos con los jóvenes sino que también vamos a las fincas, teniendo en cuenta el entorno cultural en el que vivimos, donde a veces ellos tienen poco poder de decisión en los asuntos familiares. Tratamos de respetar los saberes y tradiciones que los campesinos han desarrollado en todos estos años, pero incorporando nuevas técnicas. No se trata de imponer, sino de fortalecer”, explica a HBA Walter Lezcano.

El plan de estudios incluye el manejo y explotación de la finca familiar con un enfoque agroecológico, con estrategias de comercialización y crédito, organización de la producción, administración y legislación. “También es importante el enfoque humano y comunitario. Requisito fundamental: trabajo en red, es decir, que los jóvenes pertenezcan a una organización campesina o comunitaria de la zona”, agrega Lezcano. El segundo año, con apenas una semana en la escuela y el resto en casa, los alumnos perfeccionan su plan, que finalmente aplican en el tercer año, asesorando otras fincas y participando en proyectos comunitarios relacionados con otros aspectos de la integración como la cultura local, la salud, enfoques de género, ciudadanía o comunicación.

HORIZONTE UTÓPICO: LOS JÓVENES

Verdaderos líderes agrícolas y sociales. Así el CECTEC logró evitar que los jóvenes huyeran a la ciudad en busca de oportunidades productivas en sectores industriales incapaces de generan el empleo suficiente para recibirlos, o que abandonaran la escuela por falta de ingresos. O que, aun orientados hacia la agricultura, al volver a su lugar de origen chocaran con viejas tradiciones y modos de producción. Es a través de alianzas productivas o acuerdos macros con empresas privadas que la agricultura familiar de Itapuá ha logrado una mejor inserción en los mercados.

“En Paraguay hay gran cantidad de agricultores familiares. Y frente a la fuerte presión de la soja transgénica, que parecía nos iba arrasar en poco tiempo, hubo que desarrollar estrategias agresivas. Gracias a la fortaleza y la tradición del movimiento campesino estamos bien posicionados. Entendimos que la clave, más allá de la infraestructura o la tecnología, tenía que ver con la información y la organización, la capacitación. Lo central es la educación desde un enfoque productivo, pero también con el acceso a los derechos fundamentales, que van más allá de las necesidades sociales y tienen que ver con los saberes de la población, la revalorización de la cultura”, dice Lezcano.

El google earth debería indicar que en Pirapey, Itapuá, Paraguay, han creado facetas insospechadas en un universo hostil y han promovido a campesinos y campesinas a través del trabajo, la educación y la revalorización cultural en un país en el que 43% de la población se asume como campesino y unas 121 mil familias no tienen acceso a la tierra.

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